Cazú Zegers
Kawelluco

Kawelluco

“ a orillas de un río, el lonco y el jefe de una comunidad en formación, piensan el nombre del lugar, el lonco dijo que escuchen al río y al instante, ven salir del agua un caballo blanco. Kawellu: es caballo y Co: agua”.


La ruralización, la desarticulación de la ciudad, no a modo de balneario sino como país, utilizó la energía dispersa de una vieja explotación forestal, para la conservación de un parque, en dónde vivir exclame su estar sin dejar rastro.

El paisaje estaba herido. Quedó el aire de la sierra. Pero la explotación de la madera es indiferente para un volcán o las cascadas. Del mismo modo en que la belleza se recuerda, el Volcán Villarrica podría destruir la zona, una y otra vez.

La ruralización va al origen del vivir, por un atajo se divide el gesto del grito en la palabra y su energía se libera en sueños y visiones sobre el territorio.

En consecuencia se acepta la accidentalidad geográfica y se crea una red de senderos y plazas. Del total de la tierra, 600 hectáreas son reserva natural y las restantes 396 se destinan a a sitios ruralizados, cuya unidad mínima de subdivisión es una hectárea.

Toda la gente de Kawelluco tiene un oficio, lo que define sus casas como talleres. Por lo mismo, desde la carpintería vernácula, se representan dos tipologías de casas, obras de bajo presupuesto y realizadas por carpinteros residentes.